CAPÍTULO 3: El Tren. ESTAMBUL-SOFIA. Frontera terrestre Turquía-Bulgaria. FRONTERA ASÍA - UNIÓN EUROPEA.

Llegamos a la estación desde la que salía el tren hacia Bulgaria. Estuvimos un rato esperando, sentados en un banco, mientras llegaba la hora para coger el tren que nos iniciaría en lo que iban a ser dos meses llenos de aventuras, nuevas experiencias, cultura nueva y mucha diversión en la ciudad de Sofía.


Ya soñábamos con como seria... donde viviríamos, con quién... donde trabajaríamos... en fin, como sería el nuevo país en el que nos instalaríamos mañana por la mañana.
Mientras, en la estación había un señor en su horario de trabajo nocturno de limpieza en la estación, qué limpiaba (regaba) las baldosas del interior con una manguera, fue algo que me sorprendió, porque regaba las baldosas como si de pradera se tratara.

NOCHE EN EL TREN.

Llegó la hora. Pasajeros al treeeen!! Nos acercamos a los andenes para montar en nuestro vagón.
El tren era bastante antiguo y nuestro vagón estaba formado por camarotes cerrados, en los que teóricamente entraban 6 personas. Digo teóricamente, porque el espacio físico era mínimo. Al otro lado un largo pasillo.
Por lo demás, nos esperaban aprox. 13 horas de noche y trayecto hasta la ciudad de Sofía, capital de Bulgaria.
Yo compartía camarote con Diego, y Bea con Yaiza. En un tercero nuestro profe y su pareja.
Finalmente el tren arrancó. El camarote era muy pequeño y tenía dos sillones largos y estrechos, uno enfrente del otro. Nos acomodamos rápidamente y cerramos la puerta corredera y las cortinas. Hacia calorcito. La noche fuera era fría.

El trayecto era largo y como eran aprox. las 11 de la noche decidimos dormir todo lo posible para que el camino se nos hiciese más corto. Se estaba bastante a gusto. Los camarotes tenían calefacción individual que podías poner tu mismo a placer. Al ser tan pequeños, hacía bastante calor en ellos. Comenzamos a dormir, aunque Diego no podía porque hacia bastante calor.
Pasadas 3 horas aprox. alguien tocó a la puerta de nuestro camarote e interrumpió nuestro sueño. Comenzaban los incidentes.

Abrimos la puerta. Había dos chicas de aparentemente nuestra edad, y una de ellas lloraba. Nos empezaron a hablar fuerte, en un idioma que a priori no comprendíamos, e intentaban contarnos algo, yo estaba medio dormida, y no entendíamos nada de lo que decían.
Tras unos minutos en la puerta intentando comunicarnos con ellas teorizamos algo sobre lo que supuestamente podía estar pasando.

Parecía ser que uno de los controladores del tren las estaba acosando, y las chicas, asustadas nos decían que las dejásemos entrar para quedarse con nosotros en nuestro camarote el resto del trayecto. Les preguntamos donde estaba su camarote, señalaron hacía el, y se veía desde la puertecilla del nuestro. Les dijimos que fueran, cerraran la puerta y no dejaran entrar a nadie hasta llegar al destino.

A todo esto los revisores, también conocidos como "los hombres de negro", por los abrigos de cuero largos y negros que llevaban, no paraban de pasar rápido por los pasillos.
Cerramos la puerta y las cortinas. Realmente aquello estaba empezando a dar miedo.

Diego y yo empezamos a hablar sobre lo que estaba pasando y que podíamos hacer. Pensamos en avisar a los demás, pero no íbamos a salir del camarote por el momento.
Además continuamente pasaban revisores y personas extrañas por el pasillo. Ya no podíamos dormir...
Pasado un rato se despertaron Bea y Yaiza, que estaban en el camarote de al lado, y vinieron al nuestro. Les contamos lo que había sucedido.
En aquel momento todo estaba muy tranquilo. Aún así, todo era muy extraño en aquel tren.
Los revisores y personas de seguridad tenían un aspecto muy sospechoso y siniestro, poco amable vamos... Cubiertos con largas gabardinas negras, sombreros negros, guantes negros y gafas de pasta.
Después de cinco horas, y a una media de 60 kilómetros por hora llegamos al primer control de frontera. Bajamos del tren para coger seguidamente un autobús en el que cruzaríamos la frontera. El revisor de gafas y gabardina nos cogió el pasaporte al subir al autobús. Luego nos lo devolvió durante el camino.
Durante media hora estuvimos bajando y subiendo en una especie de peajes en los que teníamos que enseñar el pasaporte. Bajamos en 3 ocasiones del autobús para enseñar el pasaporte a las personas que controlan la frontera. La frontera es bastante "estricta" y repetitiva. En la última de ellas entramos en una caseta donde de nuevo enseñamos el pasaporte y a continuación fuimos caminando a una nave que había al lado, donde habían aparcado el autobús. Nos iban a registrar las maletas.

Finalmente a nosotros los españoles no nos las hicieron abrir. En cambio, a las dos chicas del suceso del tren, que finalmente eran americanas, las registraron a fondo. No se que pasaba con aquellas chicas. Les abrieron y miraron todo de muy malas maneras.
Las personas que éramos de algún país miembro de la Unión Europea, en general, tuvimos menos dificultades en la frontera que las personas que eran de otros países. O eso me pareció percibir en aquel momento.

A los demás, en concreto a las americanas, les miraban continuamente con cara extraña el pasaporte. Supimos que eran americanas porque iban sentadas detrás de Diego y de mí en el autobús, y les preguntamos qué como estaban después de lo que había pasado antes en el tren, y nos dijeron que ya estaban bien, y les preguntamos de donde eran. Al principio pensamos que eran rusas. También les preguntamos, por curiosidad, que hacían allí, y nos dijeron que estaban de vacaciones.

Tras el control de las maletas continuamos en el autobús que nos llevó, ya pasada la frontera, a otra estación de tren. Bajamos, y con todas las maletas, tuvimos que cruzar por en medio de unas vías y unas rampas horribles, donde no se veía nada en la oscuridad de la noche, para llegar a otro tren que teníamos que coger para continuar el viaje hacía Sofía. Subimos al tren con mucha dificultad, porque las puertas estaban como a un metro del suelo, con todas las pesadas maletas en medio de un montón de vías, en mitad de la noche.

Este fue un tren corriente. Tenia asientos, como cualquier tren de pasajeros, y no pasaban cosas raras... Todos íbamos sentados al lado, con algo o mucho sueño. Por lo demás el tren era muy sucio y muy viejo, y tenía unos baños asquerosos y malolientes.

Nos pusimos un rato a hablar y a debatir con Jaime, nuestro profesor acompañante, porque no habíamos hecho este viaje en autobús en vez de en tren. Los trenes van muy lentos, como mucho a 60km/h, y los autobuses van a una velocidad más normal, a 100km/h. 13 horas en tren, 6 en bus.

Después dormimos hasta casi llegar a Sofía. Cuando cogimos el tren, íbamos prácticamente solos en el vagón y era de noche.
Cuando me desperté, ya casi estábamos llegando. Era de día, y había montado gente de los alrededores que había madrugado esa mañana para ir a la cuidad, y que nos miraba con cara muy extraña pensando que haríamos todos nosotros allí. Después de todo, y de lo mucho que temíamos, particularmente Diego, a las 13 horas de viaje, a mí, finalmente no se me hicieron largas y me resultaron muy agitadas, tras todo lo sucedido en el primer tren.

Llegamos a BULGARIA. AQUI

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